Catherine Malfitano conmueve en "Jenufa" de Janacek.
Catherine Malfitano se hace odiar y conmueve en “JENUFA”.
Ópera de Leos Janacek presentada en Bellas Artes, México.
Por Manuel Yrízar.
La estruendosa ovación y la lluvia de flores con que fue recibida la soprano neoyorkina Catherine Malfitano al concluir la representación de “JENUFA” de Janacek se recordará por espontanea y feliz conclusión de alguien a quien odiamos pero ovacionamos. Contradicciones de la vida y el teatro musical. Kostelnicka o LA SACRISTANA viuda debería llamarse la ópera cuando la canta una artista excepcional.
Convencional y pobre, en el buen sentido de la miseria exhibida, tres palos tembeleques y tambaleantes, otros cuatro costales arrumbados a diestra y siniestra, y la ya baratona e imprescindible proyección atrás, esta ópera checa llega al teatro de Bellas artes con el rezago y el retraso que acostumbramos en nuestra paupérrima vida lírica nacional.
Pero ópera hubo pues hubo música y drama. Un elenco mezcladito de cantantes extranjeros en los roles protagónicos acompañados por eficientes partiquinos mexicanos cumplidores. El coro y la orquesta siguió la batuta de Jan Chalupecky en el nivel medio a que nos tiene mal acostumbrados sin tantas pifias lo que ya es de agradecérsele. La escena de Juliana Faesler cumple con corrección académica el tránsito de actores y comparsas.
Helena Kaupova cumple con el protagónico de una Jenufa siempre entristecida. Ales Briscein nos brinda un siempre acobardado y apocado Steva Buryja. Gianluca Zampieri da vida y presencia al acomplejado Laca Klemen siempre quejumbroso y lloricón. Ambos enamorados de la infeliz Jenufa son incapaces de brindarle el amor que pretende y merece. Las mexicanas Belem Rodriguez y Carla Madrid tienen a su cargo y voz a la abuela Buryja y a Jano, niño pastor quien junto a Armando Gama que canta el capataz
Todos los demás personajes dicen su par de líneas con aplomo: Arturo López, Eloisa Jurado, Irasema Terazas, Emma Melik, Eleonora Sancho, Araceli Hernández y Miguel Hernández Bautista. Mejor que otras veces el coro bailador.
Pero quien indiscutiblemente llena el escenario y sube un 100% el nivel alcanzado es la grande actriz-cantante Catherine Malfitano quien triunfa arrolladoramente creando un personaje siniestro y tierno, repugnante y eléctrico, contradictorio y fuerte, avasallador, la madrastra Kostelnicka.
Malfitano, nos comentaba un maestro de ópera en los intermedios, es de esa línea de las actrices creativas cantantes que con su sola presencia llenan ellas solas el escenario: Callas, off course, Stratas, Malfitano. ¿Cuál otra?
Apoderarse de un personaje y hacerlo vivo, dotarlo de carne y pasión, sentimiento, energía, verdad, solo lo logran esos grandes. Dotados del don del talento teatral transmiten algo que llega directo y no se olvida. Convertir una historia bastante convencional y melodramática, cursi tal vez para nuestros tiempos posmodernos, en un drama conmovedor no es cosa fácil. Catherine Malfitano logra el milagro. Sublima.
La historia de la mujer engañada y preñada, abandonada y despreciada, llena de los prejuicios de sus tiempos aldeanos,
cobra una nueva dimención cuando aparece la viuda del sacristán. Enlutada y solemne, brutal pero respetada por su invulnerable virtud cristiana, ostentosa del crucifijo y el rosario
Al final, conmovedor y contradictorio, la madrastra confiesa su crimen. No puede soportar los remordimientos que le traen el descubrimiento del delito. El cadáver congelado del bebe asesinado ha aparecido en el río. Kostelnicka Burijovka se desmorona. La feroz sacristana se derrumba. Confiesa que es ella quien consumó el crimen horrendo. Convertida en una mujer sufriente sufriente y arrepentida confiesa:” No amé a nadie más nunca que a mí misma.” Soberbia actuación.
Catherine Malfitano logra con este personaje entrañable, aborrecible y conmovedor por demasiado humano, un triunfo más a los que, en sus 70 papeles de todos los tipos, ha brindado al mundo de la ópera universal. Un privilegio fue haberla visto y escuchado. Con tristeza nos enteramos que la función no fue grabada por la televisión. Si usted la vio grabé en su memoria lo que contempló. Nada quedo como testimonio. Parece que quieren también matar la memoria.
México –Tenochtitlan, domingo 27 de abril de 2008.